Lo dejamos todo y nos fuimos a vivir al campo con nuestros 7 perros

Hace dos años empezamos un gran viaje. Nuestras vidas de repente combiaron por completo, vinieron dias muy oscuros, muy fuertes donde no veíamos la luz al final del túnel. Era como si de repente la vida te empujara al vacío y te hiciera replantear absolutamente todo. 

 

Así que iniciamos este viaje, siempre junto a los perros y a nuestra hija. Ellos, sí que fueron fuertes, durante estos años me impresionó cómo vivieron a nuestro lado el proceso, se adaptaron a todas las situaciones, y nos mantuvieron fuertes y firmes, siempre recordándonos en esa montaña rusa, a donde teníamos que llegar. 

 

Dejamos nuestra vida en la ciudad, renunciamos a nuestros trabajos estables y rígidos, que nos daban una infinita seguridad económica pero una infinita infelicidad. Y contra viento y marea, nos escuchamos y decidimos irnos a vivir al campo y empezar de cero. 

 

Desde hace 10 años, que empezamos a construir nuestra familia, descubrimos que nos encantaba el campo, la naturaleza, y los animales, pero nunca nos habíamos arriesgado a tomar la decisión de renunciar a nuestras vidas aburridas, estresantes, donde teníamos que cumplir con tantos estándares, y donde no sabíamos cómo dejar de ser fieles a tantas creencias limitantes. Y luego, con una hija y 7 perros menos que se nos iba a ocurrir semejante locura. Nuestra hija necesitaba una vida tradicional. 

 

Hasta que la vida nos estrelló con todas sus fuerzas y nos ayudó a saltar.

 

Los perros fueron esa lucecita, ese impulso que nos mantuvo conectados con la naturaleza y nos mantienen fuertes recordándonos dia a dia a donde debemos de mirar. 

 

Queríamos vivir de manera simple. En coherencia con nuestro corazón, y paso a pasito lo fuimos logrando. Y entonces de repente la felicidad y el significado de todas las cosas cobroron otro valor…

Ahora para nosotros el lujo se volvió en poder ver a nuestra hija conectar con la naturaleza, ver a nuestros perros libres y felices, respirar aire fresco, prender una chimenea bajo la luz de la luna, meditar viendo un atardecer, ver a nuestros perros revolcarse en el pasto, tomar el sol y escuchar los pajaritos cantar mientras estamos todos juntos y reunidos. 

 

Aún no tenemos nada resuelto, más que empezar de cero y apostarle a un nuevo camino ¿Pero alguna vez en la vida tenemos todo resuelto? Creo que la vida no va de eso, de lo que si va, para nosotros es sentir paz en nuestro corazón. Agradecemos todos los días por lo que somos, y nos hemos vuelto. Cada uno siendo su mejor proyecto, y todos los días trabajando en nosotros para mudar de piel. 

 

Y si volteamos a ver a nuestros perros, conectamos con la naturaleza y con nosotros mismos, entonces podemos ver eso: Hermosos seres viviendo un infinito presente nada más que con todo su amor. 


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